miércoles, 27 de agosto de 2014

Defensa personal; respuestas fisiológicas a situaciones de estrés.

Este artículo trata de explicar que sucede realmente en nuestro cuerpo cuando nos enfrentamos a una situación de peligro inminente, como responden nuestros sentidos y nuestra psique a situaciones violentas y como se produce el cambio del “yo”, centralizado en el neocórtex, al nivel más bajo de nuestro cerebro, relacionado con la supervivencia evolutiva. 

Espero que este artículo pueda ayudarnos a comprender mejor como funciona nuestro cuerpo, herramienta indispensable en la práctica marcial, ya que el mejor conocimiento sobre una herramienta nos lleva a poder sacarle el máximo partido.

La respuesta física.
Ante una situación de agresión o cuando se detecta el estímulo externo que representa una amenaza inminente (oído y vista esencialmente) la región hipotalámica, que es la parte del cerebro que coordina la conducta y regula la liberación de hormonas de la hipófisis (pituitaria),  manda una alerta a diferentes glándulas, las cuales mandan al torrente sanguíneo una serie de hormonas del estrés (reacción fisiológica ante situaciones de peligro o amenaza), como la adrenalina y el cortisol.
Estas hormonas elevan sustancialmente el ritmo respiratorio y cardíaco (lo que provoca ese sentimiento de palpitación en el corazón, ya que sube sustancialmente el ritmo cardíaco), los vasos sanguíneos sufren una constricción en áreas no vitales (como el caso del estómago, lo que evita que se produzca  vómitos y nos da esa sensación de hormigueo o “mariposas” en el estómago) mientras que en áreas más importantes sufren una dilatación, aumentando la llegada de sangre y nutrientes a zonas que tienen una importancia evolutiva en la supervivencia como los músculos de las piernas (preparándolos para la huida).


La respuesta sensorial.
El sentido del oído disminuye mientras que las pupilas se dilatan y la visión se centraliza en el peligro, ese énfasis sensorial hace que a veces tengamos la sensación de ver ciertas situaciones (como accidentes) a cámara lenta.
Como vemos esta reacción produce un cambio psicofísico completo, de ahí que nuestra respuesta en estas situaciones en principio sean torpes o diferentes a como pensábamos que actuaríamos, esto se debe a que durante este período el cambio en nuestro cuerpo es tan drástico que literalmente es como si estuviésemos  en otro cuerpo que no somos capaces de controlar. 


El control.
Desgraciadamente solo la experiencia en este “nuevo cuerpo” puede darnos la capacidad de controlarlo (entre otros factores, el “estar acostumbrado a estas situaciones” es en lo que radica lo que se denomina eficacia en combate, por ello una persona acostumbrada a pelear aunque carezca de técnica puede vencer a personas con más técnica y sin experiencia en este tipo de situaciones),  de ahí que el trabajo meramente técnico no sea fiable al 100%, por ello es tan  aconsejable el trabajo instintivo o de bajo nivel (como ya citábamos en el artículo de neurociencia y artes marciales) junto a ejercicios de coordinación motora y de improvisación, así como, en la medida de las posibilidades que nos ofrezca nuestro entrenamiento, llevar éste a situaciones que se asemejen lo más posible a estas situaciones de estrés.


Recordemos que este factor, el estrés, es el principal detonante de nuestra respuesta no racional ya sea ésta la de salir corriendo (pánico), defendernos o atacar, tan solo con un entrenamiento constante podemos aumentar nuestras posibilidades y aprender utilizar (controlar y racionalizar) este cambio “de cuerpo” en nuestro beneficio.

Este artículo trata de dar un nuevo punto de vista  sobre la práctica marcial, centrándonos exclusivamente en el cambio físico-hormonal,  como todas las opiniones puede ser útil o desechable, depende del lector esa evaluación, espero os sirva en vuestra práctica, sea cual sea, un saludo.

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