martes, 3 de mayo de 2016

Eficacia en combate 4; el entrenamiento de contacto.

El fin último de una práctica marcial es el combate, creo que en eso podríamos estar todos de acuerdo, aunque según estilo, escuela o arte podríamos aderezarlo con diversas cualidades complementarias (tradición, espiritualidad, principios, etc).
Sin embargo el hecho de practicar una actividad enfocada al aspecto marcial siempre estará determinada por la capacidad de esa actividad a salvaguardar nuestra integridad física en una situación de peligro o a nuestra victoria en una situación de conflicto físico.
El combate se genera con la interacción física de dos bandos que buscan someterse mutuamente de una forma violenta, por lo que cualquier actividad destinada a este efecto debe de ser violenta de forma directa o como algún arte marcial concreto de forma indirecta (por ejemplo el Aikido), tanto de forma directa como indirecta las acciones buscan el mismo fin, la sumisión del otro ya sea con golpes, proyecciones, controles, etc. Creo que esto es un hecho en el que toda la comunidad estará de acuerdo.

Si algo caracteriza el combate real es tanto la imprevisibilidad de éste como la acción directa que lleva a un contacto físico imprevisible, aunque nos guste jugar con estadísticas no podemos determinar con total fiabilidad el transcurso de un combate; es decir, no podremos deducir que trayectoria va a seguir en cuanto a intencionabilidad del adversario ni en cuanto a las acciones que éste realizara.

El combate real no es una coreografía, no funciona como un kata ni resulta vistoso o "bonito", no hay nada hermoso en una acción violenta.

A pleno contacto todo los golpes buscan un objetivo, no se sigue la técnica, existen multitud de golpes, de ritmos de combate, de ángulos y golpes que quizás nunca entrenamos en nuestro estilo, el adversario no sigue nuestro plan, tiene el suyo propio.

Para este fin debe prepararnos nuestro entrenamiento, por lo que los entrenamientos de contacto deben ser obligatorios dentro de nuestro programa, cada cual dentro de los límites de contacto que considere oportuno. No se puede aprender a nadar fuera del agua ya que ésta tiene una serie de características propias que no pueden simularse fuera de ella.
Utilicemos el símil del agua y la natación para darnos cuenta que dentro del agua nuestro cuerpo reacciona de forma diferente con un cambio de temperatura, una serie de circunstancias como la dificultad de generar movimientos dentro de ella o la necesidad de acomodar nuestra respiración en este elemento. En el combate ocurre igual, nuestro organismo "funciona" de otra manera debido al aumento de adrenalina, la confusión mental, nuestra respiración, el nerviosismo, etc, son situaciones que solo podemos sentir "dentro del agua" es decir, en el combate.

Es por ello necesario aprender a pelear acercando esa realidad a nuestros entrenamientos y entrenando de forma adecuada el combate de contacto pleno. En una situación real tendrá una clara ventaja aquella persona que esté más habituada a esas circunstancias que aquella que no lo éste. Es necesario ver cómo reacciona nuestro cuerpo y nuestras técnicas ante un oponente imprevisible que busca someternos de forma violenta y sentir la falta de seguridad que este hecho nos provoca.
Es determinante para nuestro crecimiento marcial tener bien claro este punto, y si nuestro estilo no trabaja dicho contacto buscar complementar esa experiencia con algún deporte de contacto aunque sea de forma esporádica.


Tenemos el deber de mostrar al alumno que la vida real no es una película, que no hay  un guión para buenos y malos, sino que el combate real funciona por sí solo, sin guiones previos ni dando nada por sentado, que el miedo, el coraje o la determinación no son exclusivos de nadie sino particularidades de cada ser humano que deba enfrentar una situación de conflicto físico, ya sea para defenderse o agredir.  Solo de esta forma podremos acercarnos a una eficacia real en combate, donde, aunque suene a tópico, el mayor enemigo que tenemos somos nosotros mismos, nuestros prejuicios, falta de experiencia o autoengaño por no querer ver la parte menos bonita de una actividad marcial.

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